(Gioconda Belli)

DANDO EL PECHO

Al cogerla tengo que tener mucho cuidado.

Es como tratar de cargar un montoncito de agua
sin que se derrame.

Me siento en la mecedora,
la acuno,
y al primer quejido,
empiezo a dar leche como una vaca tranquila.

Ella vuelve a ser mía,
pegadita a mí,
dependiendo de mí,

Como cuando sólo ya la conocía
y vivía en mi vientre.





ESPERÁNDOLO

Por la mañana
me alzo como gacela
gozosa entre el monte
esperándote.

Al medio día,
hundida entre flores,
voy dibujando
tu nombre en el vientre de agua del río.

En el crepúsculo,
llena de amor, me doblo
y luego voy a esperarte
a que vengas de noche,
a que vengas a posarte en mí como un pájaro
y ondees tu cuerpo
como bandera
sobre mi cuerpo.




MENSTRUACIÓN

Tengo
la "enfermedad"
de las mujeres.

Mis hormonas
están alborotadas,
me siento parte
de la naturaleza.

Todos los meses
esta comunión
del alma
y el cuerpo;
este sentirse objeto
de leyes naturales
fuera de control;
el cerebro recogido
volviéndose vientre.



DESAFÍO A LA VEJEZ

Cuando yo llegue a vieja
--si es que llego--
y me mire al espejo
y me cuente las arrugas
como una delicada orografía
de distendida piel.
Cuando pueda contar las marcas
que han dejado las lágrimas
y las preocupaciones,
y ya mi cuerpo responda despacio
a mis deseos,
cuando vea mi vida envuelta
en venas azules,
en profundas ojeras,
y suelte blanca mi cabellera
para dormirme temprano
--como corresponde--,
cuando vengan mis nietos
a sentarse sobre mis rodillas
enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
sé que todavía mi corazón
estará rebelde-- tictaqueando
y las dudas y los anchos horizontes
también saludarán
mis mañanas.

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