1

Creyo que era eterno tu reino en el alma,
y creyo tu esencia, esencia inmortal,
mas, si solo eres nube que pasa,
ilusiones que vienen y van,
rumores del onda que rueda y que muere
y nace de nuevo y vuelve a rodar,
todo es sueno y mentira en la tierra,
no existes, verdad!

2

A las rubias envidias
porque naciste con color moreno,
y te parecen ellas blancos angeles
que han bajado del cielo.
Ah! pues no olvides, nina,
y ten por cosa cierta,
que mucho mas que un angel siempre pudo
un demonio en la tierra.

3

Alma que vas huyendo de ti misma,
que buscas, insensata, en las demas?
Si seco en ti la fuente del consuelo,
secas todas las fuentes has de hallar.
Que hay en el cielo estrellas todavia,
y hay en la tierra flores perfumadas!
Si!... Mas no son ya aquellas
que tu amaste y te amaron, desdichada.

4

Ansia que ardiente crece,
vertiginoso vuelo
tras de algo que nos llama
con murmurar incierto,
sorpresas celestiales,
dichas que nos asombran;
asi cuando buscamos lo escondido,
asi comienzan del amor las horas.

Inaplacable angustia,
hondo dolor del alma,
recuerdo que no muere,
deseo que no acaba,
vigilia de la noche,
torpe sueno del dia
es lo que queda del placer gustado,
es el fruto podrido de la vida.


5

Brillaban en la altura cual moribundas chispas,
las palidas estrellas,
y abajo... muy abajo, en la callada selva,
sentianse en las hojas proximas a secarse,
y en las marchitas hierbas,
algo como estallidos de arterias que se rompen
y huesos que se quiebran.
Que cosas tan extranas finge una mente enferma!

Tan honda era la noche,
la oscuridad tan densa,
que ciega la pupila
si se fijaba en ella,
creia ver brillando entre la espesa sombra
como en la inmensa altura las palidas estrellas.
Que cosas tan extranas se ven en las tinieblas!

En su ilusion, creyose por el vacio envuelto,
y en el queriendo hundirse
y girar con los astros por el celeste pielago,
fue a estrellarse en las rocas, que la noche ocultaba
bajo su manto espeso.

6

Aunque mi cuerpo se hiela,
me imagino que me quemo;
y es que el hielo algunas veces
hace la impresion del fuego.

7

Cuando recuerdo del ancho bosque
el mar dorado
de hojas marchitas que en el otono
agita el viento con soplo blando,
tan honda angustia nubla mi alma,
turba mi pecho,
que me pregunto:
Por que tan terca,
tan fiel memoria me ha dado el cielo?


8

De la vida entre el multiple conjunto de los seres,
no, no busqueis la imagen de la eterna belleza,
ni en el contento y harto seno de los placeres,
ni del dolor acerbo en la dura aspereza.

Ya es atomo impalpable o inmensidad que asombra,
aspiracion celeste, revelacion callada;
la comprende el espiritu y el labio no la nombra,
y en sus hondos abismos la mente se anonada


9

Del rumor cadencioso de la onda
y el viento que muge;
del incierto reflejo que alumbra
la selva o la nube;
del piar de alguna ave de paso;
del agreste ignorado perfume
que el cefiro roba
al valle o a la cumbre,
mundos hay donde encuentran asilo
las almas que al peso
del mundo sucumben.

10

Detente un punto, pensamiento inquieto;
la victoria te espera,
el amor y la gloria te sonrien.
Nada de esto te halaga ni encadena?
Dejadme solo y olvidado y libre;
quiero errante vagar en las tinieblas;
mi ilusion mas querida
solo alli dulce y sin rubor me besa.


11


En el alma llevaba un pensamiento,
una duda, un pesar,
tan grandes como el ancho firmamento
tan hondos como el mar.

De su alma en lo mas arido y profundo,
fresca broto de subito una rosa,
como brota una fuente en el desierto,
o un lirio entre las grietas de una roca.


12


En los ecos del organo o en el rumor del viento,
en el fulgor de un astro o en la gota de lluvia,
te adivinaba en todo y en todo te buscaba,
sin encontrarte nunca.

Quizas despues te ha hallado, te ha hallado y te ha perdido
otra vez, de la vida en la batalla ruda,
ya que sigue buscandote y te adivina en todo,
sin encontrarte nunca.

Pero sabe que existes y no eres vano sueno,
hermosura sin nombre, pero perfecta y unica;
por eso vive triste, porque te busca siempre
sin encontrarte nunca.

Yo no se lo que busco eternamente
en la tierra, en el aire y en el cielo;
yo no se lo que busco, pero es algo
que perdi no se cuando y que no encuentro,
aun cuando suene que invisible habita
en todo cuanto toco y cuanto veo.

Felicidad, no he volver a hallarte
en la tierra, en el aire ni en el cielo,
aun cuando se que existes
y no eres vano sueno!

13

Era en abril, y de la nieve al peso
aun se doblaron los morados lirios;
era en diciembre, y se agosto la hierba
al sol, como se agosta en el estio.
En verano o en invierno, no lo dudes,
adulto, anciano o nino,
y hierba y flor, son victimas eternas
de las amargas burlas del destino.
Sucumbe el joven, y encorvado, enfermo,
sobrevive el anciano; muere el rico
que ama la vida, y el mendigo hambriento
que ama la muerte es como eterno vivo.


14


Justicia de los hombres, yo te busco,
pero solo te encuentro
en la palabra, que tu nombre aplaude,
mientras te niega tenazmente el hecho.

Y tu, donde resides me pregunto
con afliccion, justicia de los cielos,
cuando el pecado es obra de un instante
y durara la expiacion terrible
mientras dure el infierno?


15


Mientras el hielo las cubre
con sus hilos brillantes de plata,
todas las plantas estan ateridas,
ateridas como mi alma.

Esos hielos para ellas
son promesa de flores tempranas,
son para mi silenciosos obreros
que estan tejiendome la mortaja.

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